16.3.09

ENTREVISTA: Juez Dr. Carlos Rozanski

"Las criaturas no pueden repetir situaciones sexuales no vividas"
El magistrado -pionero en la investigación de crímenes sexuales contra menores- rechazó las teorías como el "síndrome de alienación parental", que establece la posibilidad de que los chicos abusados fabulen a instancias de un progenitor, y otras estrategias defensistas que insisten en "revictimizar" a los menores en el proceso judicial.


Es una teoría de las más controvertidas -y crueles- entre las que rodean al fenómeno del abuso sexual infantil. Partidarios y detractores se trenzan en encarnizados debates en cuanto foro sobre el tema pueda hallarse en internet. Se lo llama "Síndrome de alienación parental" (SAP), fue propuesto por Richard Gardner en Estados Unidos en 1985 y tiene seguidores en la Argentina.
"El síndrome de alienación parental es un engendro", afirma categóricamente el juez Carlos Rozanski, uno de los mayores especialistas del país en abuso sexual infantil y autor del proyecto que impuso la Cámara Gesell como método de entrevista de las niñas y niños víctimas de delitos contra la integridad sexual.
Rozanski dialogó con "Río Negro" durante su visita a Neuquén. Es interesante observar el rol que le asigna al operador judicial que se muestra receptivo a aplicar soluciones de esta naturaleza a los casos de abuso sexual infantil.
-¿El síndrome de alienación parental es uno de los mitos que rodean el abuso sexual infantil?
-Es un engendro más que un mito. En el contexto de la problemática del abuso sexual infantil aparece un autor de otro país que elabora esta teoría del SAP, que termina editando su propio libro porque no hay colega que valide lo que dice; después encuentra eco en nuestro país en ciertas personas, entonces se intenta y se logra transpolar un engendro sin aclarar las cosas como son, simplificándolo y diciendo: "Bueno, las madres que están resentidas con sus esposos por problemas familiares les llenan la cabeza a las criaturas para que digan que el papá las abusó". Y esto encima tiene un nombre serio: "síndrome de alienación parental", y un autor en inglés y qué sé yo. Uno entonces mira al imputado y dice: "Cuánto de esto habrá y no nos dimos cuenta; este pobre señor que está sentado acá a lo mejor es una víctima del SAP". Esto prendió y es difícil desarticularlo, porque sólo se puede desarticular con cultura, conociendo de dónde viene, sabiendo quién elabora la teoría y por qué aplicarla acá no tiene nada que ver y es un mecanismo más de los utilizados para lograr impunidad. La confusión entre pseudoteorías científicas, trasladadas a un problema de tanta sensibilidad como es éste, que les rompe la cabeza a los operadores jurídicos... porque es fuerte, es algo que a nadie le gusta porque le duele, le repugna, lo vincula con su propia historia sexual... en ese contexto, venir a decir eso o cualquier otra cosa que permita pensar "entonces este señor no fue", desde mi punto de vista apunta a la comodidad emocional del operador. Muchas veces el operador, consciente o inconscientemente, compra esto y se va a dormir tranquilo porque "el señor fue víctima de un complot". Nada más pensemos desde el punto de vista contrario: aquella criatura que dice lo que puede, muestra lo que puede, que además no le creen, que cuando le creen le vuelven a preguntar 300 veces hasta que dice "Qué sé yo"... y esto es así, el SAP es una mentira, un engendro. Podrá existir algún tipo de cuadro que no tenga nada que ver con abuso sexual, casos en los cuales por alguna razón alguna mujer perversa convenza a una criatura que esté en edad de ser convencida... porque ése es otro punto: las criaturas hasta cierta edad están imposibilitadas de generar o repetir situaciones sexuales no vividas. Pero cuando empiezan a poder inventar esas cosas, eso no resiste ningún análisis serio del observador, por lo tanto no significan ningún riesgo serio para el procesado. Si todo esto no es analizado, conocido por el operador jurídico, la visión va a ser simple. Cada vez que un acusado diga: "Mi señora está resentida porque le metí los cuernos"... yo lo escuché muchas veces... dicen: "Le llenó la cabeza a la nena; yo soy incapaz de hacer lo que dicen que hice". Ese tipo de argumentos, escuchando desde el oído que necesita escuchar eso para estar más tranquilo de que el hecho no pasó, lo lleva a la conclusión de que el hecho no pasó.
-¿Y cuando la víctima cambia su relato?
-Lo que no puedo, no debo, porque es ilegal e inmoral, es interpretar determinadas variaciones de relatos de la víctima fuera del contexto que es el fenómeno del abuso y tratar de interpretar jurídicamente esas variaciones como haría si interpretara un robo. El mal funcionario trata un tema de abuso con las características de un robo común, que es lo que dogmáticamente aprendió en la Facultad de Derecho. El operador tiene que estar capacitado para valorar las variaciones del relato, pero para eso tiene que saber qué posibilidades tiene la persona de hacer el relato. Son cuestiones que, a pesar de ser de sentido común, uno ve que no es así, lo cual confirma que el sentido común en algunos ámbitos del Estado es sólo teórico.
-La Cámara Gesell ha recibido críticas desde su implementación y una de las más frecuentes es que no hay operadores calificados. Algunos psicólogos se niegan a participar porque dicen que ellos no son interrogadores y, si bien es natural que los defensores la cuestionen, también algunos jueces lo hacen. ¿Qué debe modificarse? ¿Hay que crear una especialidad nueva de operadores?
-La Cámara Gesell se generó a partir de un caso de El Bolsón. Hace 13 ó 14 años hicimos un juicio en el que la víctima era una chiquita retrasada mental a la que le habían metido un palo en la vagina. El juez que estaba al lado mío le preguntaba si el muchacho le gustaba y si tenía ganas de tocarlo. Más allá del horror que me provocó el funcionario que hacía esa interrogación -e hice la denuncia-, había otro aspecto de esa escena y me di cuenta después de pensarlo: esa nena no tenía que estar ahí, porque las circunstancias por las que atraviesa esta clase de víctimas son incompatibles con sentarlas delante de extraños y pedirles que hablen. No están en condiciones de hablar de nada, son vulnerables a niveles insospechados y serán agredidos si no se modifica el sistema. A raíz de ese hecho que me rompió la cabeza trabajé durante años en el proyecto que en el 2003 se transformó en ley y modificó el Código de Procedimiento, y por lo menos en Buenos Aires esos chicos no son interrogados por nadie en ninguna etapa. Que los cuestionamientos surjan sobre todo de la defensa es la mejor forma de explicar la verdadera razón por la que hay que sacar a la criatura de la escena: se le está quitando una herramienta defensiva esencial que es la destrucción de la víctima, el aniquilamiento de lo que le queda de salud mental para que termine confundida, porque eso implica una absolución del acusado. ¿Cómo se desarticula esto? Haciendo justicia con esa criatura, es decir, sacándola de la escena. En cuanto a la resistencia de los jueces, cuando se sanciona esta ley se les prohíbe a los jueces interactuar con los chicos. Sólo pueden ser entrevistados por un especialista. Esto que saca al chico de la esfera de jueces, fiscales y defensores, obtuvo dos reacciones: hubo jueces que con un nivel de soberbia muy elevado decían "¿Cómo yo no voy a poder preguntar?", o "¿Cómo voy a hacer daño si pregunto?". Eso es una combinación de soberbia con falta de conocimiento porque el conocimiento del fenómeno del abuso sexual, a la persona de bien, la lleva a decir naturalmente: "Esto no tiene que seguir pasando". Si el fenómeno se entiende en serio, lo perverso es maltratar a la criatura que ha sido abusada. Hay que trabajar con esa resistencia porque la resistencia se tradujo en reacción, de gente muy reaccionaria como el término lo indica, gente que además es violenta de distintas maneras.
Se intenta contraponer la idea del debido proceso a los derechos de la víctima, pero no hay contrapuestos. No significa que para llegar al debido proceso se deba torturar a la víctima. Detrás de todo esto, las razones son siempre las mismas: la visión de este tema ha sido androcéntrica, masculina, de género. Las leyes fueron hechas, interpretadas y aplicadas por hombres y las víctimas en la inmensa mayoría siempre son mujeres; en ese contexto es lógico que haya las reacciones que hay. Detrás hay una trayectoria de siglos de discriminación, de maltratos, y sólo se rompe entendiendo cómo es y no Mnegociando estas cosas.
-Insisto sobre un punto: ¿los operadores están capacitados, debe haber una especialización en entrevista a menores en Cámara Gesell?
-El operador es un tema aparte, posterior. Lo importante es que el sistema mejoró el procedimiento, esto es un hecho más allá de las críticas. Y hay que ver cuál es la intención de la crítica: el primero en criticar es el abusador. Y esto es un síntoma importante. Que haya operadores no capacitados no significa invalidar el procedimiento. Trabajemos para capacitar mejor, pero no volvamos a un procedimiento de escarnio de la víctima. ¿Cuál es la alternativa? Como no hay operadores suficientemente capacitados, traigamos a la nena y que seis tipos de saco y corbata le pregunten dónde le metieron el pito. Esto es descabellado.
-Usted conoce el caso que ha tenido tanta repercusión en Neuquén. Un tribunal condenó por abuso sexual simple a un hombre que embarazó a una niña. Entre otros argumentos la Cámara dijo que no se le hizo un examen ginecológico a la víctima para comprobar si existió penetración, y el juez de primera instancia dice que no lo hizo para no revictimizar a la menor. ¿Cómo se manejan estas situaciones?
-No analizo casos del lugar donde estoy, entre otras razones porque el caso está vigente, atravesando la sociedad. Que aparezca un tercero opinando me parece contraproducente.
-Le reformulo la pregunta. ¿Cómo hacer exámenes ginecológicos a una niña sin que signifique una revictimización?
-La reiteración de pericias también es una estrategia defensista, porque saben que provoca agotamiento en la víctima y llega un punto en que lo que la víctima quiere es que se termine todo, que no metan a nadie preso pero que por favor dejen de hacerle abrir las piernas en público. Esto no significa que en los casos de abusos sean imprescindibles determinados exámenes, que deben hacerse en un contexto que sea respetuoso, con una invasión mínima. Hay que hacerlos bien y una vez, no dos. El tema es que si lo hacemos mal de entrada vamos a tener problemas después. Uno de los graves problemas en la Argentina es la intervención desarticulada. Éste es un país desarticulado, tenemos problemas para trabajar en la interdisciplina. Si el policía, el médico, el psicólogo, el juez, cada uno tiene una incumbencia tan cerrada intelectualmente, la articulación no se va a producir y, si no se produce, la víctima es la que sufre.
-¿Qué hay que hacer con los violadores?
-Hay dos clases: está el que en la esquina agarra a una mujer y la viola y está el abusador de niños, que es otra clase de patología. En todos los casos son conductas anormales, lo cual no significa que sean inimputables. Si uno tiene claro el nivel de peligrosidad del individuo, por lo menos va a tener claro que es imprescindible aislarlo de la posibilidad -inmediata por lo menos- de seguir haciendo daño. Lo primero debe ser aislarlo. Por eso es absolutamente repudiable que se esté incorporando el concepto de mediación a estos temas, que no son mediables. En Buenos Aires hay algunos tribunales que en determinados casos están haciendo lo que se llama "la revinculación", y para eso programan reuniones en algún lugar donde con cierta supervisión se van encontrando maltratadores y maltratados. Debe tenerse en cuenta que una característica extraordinaria es la asimetría que hay entre la víctima y el victimario. La mediación, la revinculación, cualquier intento de acercar partes, tiene que presuponer simetría. Si no hay simetría se están equivocando en la metodología y, como no puede haber simetría entre una criatura y un adulto, si además esa criatura padeció algo de ese adulto, es patológico que a alguien se le ocurra juntarlos. Además no sólo es injusto: implica ignorancia. Yo juzgué durante casi 10 años casos de abuso infantil. Jamás, ni aun después de condenada, la persona reconoció el hecho. Y esto es una característica del fenómeno. Son psicópatas, y el psicópata no tiene remordimientos, no se arrepiente. Entonces, ¿qué van a mediar con un psicópata y una criatura? Se la van a entregar en bandeja... Es muy grave un sistema que engendra funcionarios que creen que en esto se puede mediar.